HABLANDO DE OLORES
Camino y ahora sonrío, espero no encontrar fantasmas por esta calle, un poco de kepchup en mi espalda y todo se soluciona, no hay nada más que cargar, pesa, pesa, pesa, atraviesa la calle, miro, no puedo expresar el silencio del tumulto, el olor a velas, el calor, todo crea un nuevo aroma, aroma a calle vieja, a gente pobre, aplastándose, feliz navidad feliz año nuevo, me dejo arrastrar por el cuerpo, siempre me dejo arrastrar, me dejo comer, me dejo.
Puedo contar con los dedos, un cuarto blanco, papeles, escritos, la constitución política del Perú, empolvada, niños de trajes oscuros, y el humo, hierba, y ahí, el olor a gente aplastándose muriendo, nunca estas aquí, estas en un estado elevado, no estas aquí, en donde estas? Acaso ahora atraviesas las paredes?, no te vi salir, si! corre, es lo único que puedo decir, corre! No dejes que te atrape mi locura, quemare tus dedos, y me dejare inspirar por el fuego, arde, arde, arde, y luego un poco de hielo y un poco más, y sigue ardiendo y ya nada y nada.
Increíblemente, pude terminar la frase antes que el hielo cubriera la casa, es imposible, los ríos se introdujeron y ahora bajaban por la escalera, arme barcos de papel, arrojándolos por mis ríos, se envolvían, les puse banderitas para que los reconociera a la distancia. La gente lloraba al interior de mis barcos, algunos reían también, aquellos que no tenían miedo a la muerte, como tu o como yo. Los que lloraban lanzaban plegarias al cielo, suplicaban, sacaban sus rosarios, la estampita que les dio las señoras de casa, esposas, madres, tías, primas, abuelitas sin dientes. Los otros, aquellas almas valientes que no tienen porque llorar ni suplicar, subían la música, si vamos a morir decían, queremos hacerlo con música, seguir saltando, es lo mejor, tal vez la muerte se una a nosotros, queremos ser muerte también.
Así en el séptimo escalón, la nave se detuvo, todos salieron a cubierta, reconocieron y pidieron seguir bajando por el río, tome a la nave y la baje al sexto escalón, los impulse con fuerza, y continuo el viaje, todos querían morir, cumplí su deseo, me dirigí al baño tome la cubeta la llena de agua, y la deje caer por las escalares, fue el fin de mi barquito de papel.
Camino y ahora sonrío, espero no encontrar fantasmas por esta calle, un poco de kepchup en mi espalda y todo se soluciona, no hay nada más que cargar, pesa, pesa, pesa, atraviesa la calle, miro, no puedo expresar el silencio del tumulto, el olor a velas, el calor, todo crea un nuevo aroma, aroma a calle vieja, a gente pobre, aplastándose, feliz navidad feliz año nuevo, me dejo arrastrar por el cuerpo, siempre me dejo arrastrar, me dejo comer, me dejo.
Puedo contar con los dedos, un cuarto blanco, papeles, escritos, la constitución política del Perú, empolvada, niños de trajes oscuros, y el humo, hierba, y ahí, el olor a gente aplastándose muriendo, nunca estas aquí, estas en un estado elevado, no estas aquí, en donde estas? Acaso ahora atraviesas las paredes?, no te vi salir, si! corre, es lo único que puedo decir, corre! No dejes que te atrape mi locura, quemare tus dedos, y me dejare inspirar por el fuego, arde, arde, arde, y luego un poco de hielo y un poco más, y sigue ardiendo y ya nada y nada.
Increíblemente, pude terminar la frase antes que el hielo cubriera la casa, es imposible, los ríos se introdujeron y ahora bajaban por la escalera, arme barcos de papel, arrojándolos por mis ríos, se envolvían, les puse banderitas para que los reconociera a la distancia. La gente lloraba al interior de mis barcos, algunos reían también, aquellos que no tenían miedo a la muerte, como tu o como yo. Los que lloraban lanzaban plegarias al cielo, suplicaban, sacaban sus rosarios, la estampita que les dio las señoras de casa, esposas, madres, tías, primas, abuelitas sin dientes. Los otros, aquellas almas valientes que no tienen porque llorar ni suplicar, subían la música, si vamos a morir decían, queremos hacerlo con música, seguir saltando, es lo mejor, tal vez la muerte se una a nosotros, queremos ser muerte también.
Así en el séptimo escalón, la nave se detuvo, todos salieron a cubierta, reconocieron y pidieron seguir bajando por el río, tome a la nave y la baje al sexto escalón, los impulse con fuerza, y continuo el viaje, todos querían morir, cumplí su deseo, me dirigí al baño tome la cubeta la llena de agua, y la deje caer por las escalares, fue el fin de mi barquito de papel.

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